El marco estándar
El consejo financiero frecuentemente divide la deuda en dos categorías:
Deuda buena — pedir prestado para cosas que aumentan de valor o te ayudan a ganar más. Ejemplos: hipotecas, préstamos estudiantiles, préstamos de negocios.
Deuda mala — pedir prestado para cosas que disminuyen de valor o no generan retornos. Ejemplos: deuda de tarjeta de crédito, préstamos de auto, préstamos personales para vacaciones.
Este marco es útil como punto de partida. Pero simplifica demasiado.
Por qué la distinción se complica
Una hipoteca se considera “deuda buena” porque las casas frecuentemente se aprecian. ¿Pero qué si compras en el pico del mercado? ¿Qué si apenas puedes pagar los pagos? ¿Qué si necesitas mudarte por trabajo en dos años?
Los préstamos estudiantiles son “deuda buena” porque la educación aumenta el potencial de ingresos. ¿Pero qué si el título no lleva a mayores ingresos? ¿Qué si pides prestados $100,000 para una carrera que paga $40,000?
La categoría importa menos que los detalles de tu situación.
Una mejor pregunta
En lugar de preguntar “¿Es esta deuda buena o mala?”, intenta preguntar:
- ¿Qué estoy recibiendo a cambio de esta obligación?
- ¿Puedo hacer los pagos cómodamente?
- ¿Qué pasa si algo sale mal?
- ¿Hay una forma de lograr esta meta con menos deuda?
Estas preguntas te obligan a pensar en la deuda como una herramienta con costos y beneficios—no como algo inherentemente bueno o malo.
El verdadero problema
La deuda se vuelve problemática cuando limita tus opciones futuras. Cuando los pagos mensuales consumen tanto de tu ingreso que no puedes ahorrar, no puedes manejar emergencias, y no puedes aprovechar oportunidades.
La pregunta no es si la deuda es “buena” o “mala.” Es si esta deuda específica, en tu situación específica, vale la obligación que estás asumiendo.